La celebración de reuniones progresistas en Barcelona este fin de semana, convocadas por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, genera tensiones de cara a la Cumbre Iberoamericana programada para noviembre en Madrid.
Asistencia de mandatarios
Entre los líderes latinoamericanos invitados al encuentro denominado Global Progressive Mobilisation se encuentran el presidente de Brasil, Lula Da Silva; el de Colombia, Gustavo Petro; y el de Uruguay, Yamandú Orsi. A esta cita se suma la asistencia de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el mandatario de Guatemala, Bernardo Arévalo, y el presidente de República Dominicana, Luis Rodolfo Abinader.
De todo este grupo, solo el gobernante dominicano, Abinader, participó en la iniciativa Escudo de las Américas, un plan de seguridad regional anunciado por Donald Trump en marzo de 2026 para combatir el narcotráfico y el crimen organizado en el hemisferio occidental.
Posiciones divergentes
En contraste, no asistirán a los eventos en Barcelona los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz Pereira; Costa Rica, Rodrigo Chaves; Honduras, Nasry Asfura; Panamá, José Raúl Mulino; El Salvador, Nayib Bukele; Ecuador, Daniel Noboa; Paraguay, Santiago Peña; ni Chile, José Antonio Kast, quienes sí formaron parte del mencionado 'escudo' estadounidense.
América Latina aparece dividida entre aquellos que buscan el respaldo de la cooperación con Estados Unidos y los que se enfrentan públicamente a la administración Trump. Un ejemplo representativo de esta posición ambivalente es la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien se alía con la política antitrumpista de Sánchez pero a la vez se beneficia de la actuación del presidente norteamericano contra el narcotráfico.
Riesgo para la cumbre de Madrid
Fuentes diplomáticas consultadas argumentan que la decisión del presidente Sánchez de convocar una cumbre con mandatarios claramente opuestos a las políticas estadounidenses no genera el escenario más adecuado para asegurar el éxito de la Cumbre Iberoamericana. "Teniendo en cuenta que el color principal del mapa iberoamericano se pinta conservador, no tiene mucho sentido generar esta barrera de cara a una Cumbre tan importante para España", aseguran.
Consideran que la fotografía del presidente con los mandatarios de su cuerda este fin de semana podría hacer que el resto de presidentes se sientan excluidos, afectando la asistencia a la cita de noviembre.
Antecedentes y contexto histórico
La importancia que la Corona española le otorga a la relación con Iberoamérica tiene una larga trayectoria. El Rey Juan Carlos fue fundamental en la creación y consolidación de estas cumbres desde 1991, actuando como puente diplomático entre España y América Latina. Felipe VI ha seguido esa estela, priorizando el papel de la Corona en la fraternidad de las naciones de la comunidad.
Sin embargo, en los últimos años, las Cumbres Iberoamericanas han perdido brillo. La última edición, en 2024 en Cuenca, Ecuador, apenas contó con la asistencia de cuatro de los 22 países: el anfitrión, España, Portugal y Andorra. "Con esta dificultad para conseguir aforo, no es lo más adecuado generar aún más división", sostienen las fuentes.
En encuentros anteriores, como los de Santo Domingo (2023) o Guadalajara (2023), ya se advirtió que la fórmula de las cumbres —con reuniones sectoriales y encuentros de alto nivel— no lograba concentrar el peso real de las decisiones internacionales, las cuales se decantan cada vez más hacia Washington, Bruselas o Beijing.
