La política exterior dominicana mantiene soberanía al aceptar temporalmente deportados de Estados Unidos

La República Dominicana no compromete su neutralidad o condición de Estado soberano al aceptar de manera temporal a inmigrantes deportados por Estados Unidos que no pueden retornar directamente a sus países de origen.

Equilibrio en las relaciones internacionales

Con decoro y respeto a los compromisos bilaterales con Washington, la nación actúa en correspondencia con sus objetivos nacionales, al mismo tiempo que sostiene y fortalece relaciones favorables y cordiales con potencias europeas, cuyo nivel de cooperación se acerca cada vez más al recibido desde Norteamérica.

Estas naciones, miembros de la OTAN, frecuentemente entran en tensas contradicciones con la administración de Donald Trump.

Posicionamiento estratégico global

La República Dominicana ha forjado una posición equidistante entre los polos del mundo altamente desarrollado, logrando llevarse bien con unos y otros, incluso con China, a pesar de las tensiones comerciales y las reprimendas con la principal fuerza hegemónica de Occidente.

Esto ocurre a pesar de su irrevocable pertenencia al bloque continental encabezado por Estados Unidos, su primer socio comercial y sede de la mayor comunidad dominicana fuera del territorio nacional.

Acuerdos bilaterales y límites claros

La transitoriedad de alojar a personas en proceso de repatriación a sus lugares de procedencia no fue incondicional, aunque se desconoce el texto completo del acuerdo.

Ha trascendido que el país estableció límites precisos respecto a la cantidad de refugiados que aceptaría, sus nacionalidades y el tiempo de permanencia permitido.

Todos estos términos se enmarcan en acuerdos bilaterales con obligaciones recíprocas, firmados voluntariamente.

Reafirmación de la soberanía nacional

La República Dominicana no compromete su soberanía ni ha renunciado a tomar sus propias decisiones ante solicitudes para participar en procesos transitorios de repatriación de ciudadanos de terceros países.

No se pierde de vista que países como España, Italia y Alemania, que en este momento disienten con orgullo soberano de Estados Unidos, no aspiran evidentemente a expulsar de sus territorios los emplazamientos militares norteamericanos de larga data.

Por Capital RD

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