La gestión de residuos en la República Dominicana requiere superar el enfoque técnico y adoptar una perspectiva ética basada en la filosofía del Buen Vivir y el reconocimiento de derechos de la naturaleza, según un análisis publicado. El artículo plantea que el bienestar nacional está intrínsecamente ligado a la salud del entorno.
Un cambio de paradigma necesario
El modelo tradicional que ve los ríos y playas como meros receptores de desechos debe dar paso a una visión de reciprocidad. La cultura del "usar y tirar" choca con la necesidad de mantener el equilibrio ecológico que sostiene la vida en el país.
La teoría del Buen Vivir, con raíces en cosmovisiones andinas pero de aplicación universal, sostiene que el bienestar humano es imposible si el entorno está degradado. Esta filosofía no busca la acumulación de bienes, sino la armonía entre las personas y su entorno natural.
Marco legal y compromiso ciudadano
Aunque la República Dominicana cuenta con la Ley 64-00 y el Artículo 67 de la Constitución para proteger el medio ambiente, estas normas parten de una visión antropocéntrica. Adoptar la teoría de los Derechos de la Naturaleza elevaría el compromiso ciudadano, reconociendo que elementos como un río tienen derecho a existir libre de contaminación.
Arrojar basura a la calle o a las cañadas no es solo un acto de incivilidad; representa una ruptura del equilibrio vital. Cuando un ciudadano lanza plástico a una alcantarilla, está violentando el derecho de la naturaleza a su integridad.
Acciones prácticas para la transformación
La solución a la problemática de la basura en Santo Domingo, Santiago y las zonas turísticas no depende únicamente de más camiones recolectores, sino de una responsabilidad compartida. La interrelación entre el Buen Vivir y el manejo de residuos se manifiesta en tres comportamientos ciudadanos urgentes: consumo responsable (suficiencia), separación en la fuente y vigilancia comunitaria.
La basura es el espejo de la cultura. Si las calles están sucias, es porque la relación con la naturaleza está rota. Al adoptar estos principios, el país puede posicionarse como referente regional de sostenibilidad real.
